Desde niños nos venden la idea de que el amor es el príncipe azul o la princesa prometida, es decir, esa persona que te acepta completamente, que todo le gusta de ti y que a ti te gusta todo de él o ella. Sería interesante preguntarnos: En el fondo, ¿Qué quiere decir esto para mi?.
En la mayoría de las ocasiones, tenemos la expectativa ilusoria de que esa persona nos hará felices para siempre porque nos entenderá en todas las ocasiones, le gustarán todas nuestras pequeñas oscuridades y nuestras virtudes. Y a su vez, a nosotros nos gustará esa persona toda entera, sin dejar nada fuera. Como si esa persona fuera a nuestra medida, y fuésemos dos piezas del mismo puzle que van a encajar perfectamente durante toda la vida. Como si las personas no cambiáramos a lo largo de nuestra existencia y nos quedásemos como estatuas impertérritas. ¿Cómo se entiende la evolución, el desarrollo o la maduración en esta visión del amor?
La magia real del amor
Es obvio, que la realidad es bastante diferente. Por más que amemos muchísimo a alguien, no es posible encajar del todo con otra persona. Tampoco es real pensar que, al estar en pareja, vamos a dejar de tener deseos propios o intereses que vayan más allá del vínculo que establecemos. El amor no puede hacer esa magia, no puede convertir a dos personas en una sola. Cada persona es única, con sus dones y sus carencias, humana, no perfecta. Amar esto es la verdadera magia.
Idealizar o amar
Pretender que el otro venga a completar nuestras carencias y nuestro propio vacío suele terminar en frustración. Al principio, esto parece no notarse tanto, porque solemos idealizar a la otra persona. La miramos a través de nuestros deseos, nuestras fantasías y lo que esperamos del amor. En esa etapa, todo parece perfecto. El problema aparece cuando esa idealización se cae. Llega un momento en el que ya no podemos seguir sin ver al otro y colocando lo que queremos que sea. Ahí nos encontramos con la realidad: el otro no es como lo habíamos imaginado, y tampoco está para cubrir nuestras propias carencias.
La singularidad propia y del otro
Aprender a reconocer y aceptar nuestras carencias, entender que tienen un valor, que también nos hacen ser quienes somos, en lugar de querer borrarlas, nos permite amar sin exigirle al otro que nos complete.
Se puede desear
sin sentir culpa,
y amar
sin tener que renunciar
a lo que somos.
Tal vez la pregunta no sea si vamos a encontrar a la persona perfecta, sino ¿Qué esperamos realmente del amor?. Cuánto estamos dispuestos a aceptar que el otro también tiene sus límites, sus carencias y sus singularidades. Y que nosotros también.
Conclusión
El amor más real y más libre, menos idealizado y más humano -que se apoya en reconocer las diferencias y la distancia que siempre existe entre dos personas- es el amor que comparte y renueva. Donde es posible el deseo, el encuentro y la posibilidad de algo nuevo, diferente y estimulante.







13 comentarios. Dejar nuevo
Estoy totalmente de acuerdo con el planteamiento que has hecho Raquel. Me parece muy acertada la reflexión sobre cómo idealizamos el amor desde pequeños y como esa idea irreal suele llevar a expectativas que no se sostienen en el tiempo. Amar no es encajar perfectamente ni completar al otro, sino aceptar la individualidad. Coincido contigo en que el amor más sano es el que no anula quienes somos, es aquel al que permite crecer, desear y compartir desde la libertad. Esta visión resulta más realista y enriquecedora. Gracias Raquel.
Gracias a ti. Me alegro que te guste.
Muy inspirador. Gracias por recordarnos la importancia de no idealizar el amor y de aceptar nuestras propias carencias para poder aceptar al otro de una forma más real y humana.
Espero que te ayude en tu camino.
La teoría es perfecta y … real. Pero se necesitan generaciones educadas de manera diferente para que aprendamos a amar de manera libre. Y no solo las mujeres, que tenemos que dejar de soñar con el amor romántico. También los hombres, que deben aprender a amar en igualdad. A ver si conseguimos transmitirselo a las siguientes generaciones. Una reflexión muy interesante.
Que enriquecedor tu comentario, el tiempo y la esperanza son nuestros aliados.
Descubrirte a ti misma te abre la mirada para ver al otro. Este ha sido mi trabajo personal en el último año. Conocerme y perdonarme no ser perfecta me ha enseñado a ver al otro también tal cual es, entenderle, no sentirme culpable ni reprochar lo que yo misma entendía por «tiene que ser».
Mi vida ahora es tranquila pero emocionante, vivo en paz y admiro aún más a mi compañero de viaje. Disfruto de cada momento, sonrío, soy mejor madre y procuro ser mejor persona. Solo pido a Dios que esta dicha dure mucho, pero que mucho tiempo estando a su lado.
Qué alegría poder disfrutar de tu comentario. Gracias
En la convivencia tiene que existir el respeto mutuo, tolerancia y comprensión. Porque pasamos distintas fases a lo largo de una relación.
Querida Raquel , gracias por tus publicaciones , son de gran ayuda concretas y concisas . Me encanta tu foto ! bella por dentro y por fuera
Gracias corazón
Precioso y verdad. Gracias, Raquel.
Me alegría que te guste. Gracias